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Alexander Calder, formas que flotan

venerdì 21 gennaio 2011, di Nicola Mariani

Crítica de la exposición ALEXANDER CALDER: MOBILES, STABILES AND GOUCHAES: Exposición personal de Alexander Calder. Galería Elvira González. General Castaños, 3. Madrid. Hasta el 31 de Enero de 2011.

Tras la impecable exposición dedicada el año pasado a la obra de John Chamberlain (7 de Mayo - 30 de Junio de 2010) - sobre la que escribimos palabras muy elogiadoras [http://www.submergentes.org/El-coll...] - en este comienzo de año la galería Elvira González [http://www.galeriaelviragonzalez.com/] de Madrid ha vuelto a presentar una muestra digna de gran consideración sobre otro maestro de la escultura contemporánea: Alexander Calder (Filadelfia, 1898 - New York, 1976) [http://www.calder.org/home]. Según Gillo Dorfles, Calder se puede considerar como el auténtico “padre” de gran parte de la escultura actual, representando, junto con Eduardo Chillida, uno de los escultores más copiados e imitados de los últimos tiempos.

Alexander Calder. Vista parcial de la exposición. Instalación y cuadros, 2010. Galería Elvira González, Madrid. Courtesy: Galería Elvira González. 2010.

Se cuenta que en el año 1930, al salir del estudio de Mondrian en París, Calder se quedó altamente impresionado, ya que, como escribe Gombrich, en aquel entonces el artista norteamericano, ingeniero de formación y descendiente de dos generaciones de escultores, anhelaba ardientemente (al igual que Mondrian) crear un arte que reflejara las leyes matemáticas del Universo. Al año siguiente adherió al movimiento Abstracción-Création, al que pertenecieron entre otros el mismo Mondrian, Arp, Kupka, Moholy-Nagy, E. Prampolini.

Del proyecto estético de la abstracción neoplástica Calder aprendió un concepto fundamental: la idea de equilibrio. A partir de esta idea desarrolló plenamente sus inquietudes volumétricas contructivistas hasta convertirse en una de las individualidades artísticas más relevantes del siglo XX. Sin embargo, su labor nunca desenbocó en un geometrismo riguroso y esquemático, sino que buscó una manera personal de expresar su propia subjetividad; creando autónomamente formas fantásticas de inspiración surrealista y experimentando constantemente la relación entre materia, vacío y movimiento. En aquelloa años Calder encontró otra importante fuente de inspiración en los principios del paradigma biomórfico de Miró y Arp, cuyas formas y figuras celulares, a través de sus esculturas, parecen empezar a salir de la superficie bidimensional del cuadro para moverse flotando libremente en el espacio.

Durante su estancia en París (gracias también a las sugerencias de artistas como Picasso entre otros) Calder emprendió un proceso progresivo de traslación a la tridimensionalidad de aquel abigarrado mundo de figuritas lúdicas y caricaturescas, sacadas del mundo de la vida cotidiana y de las diversiones (como los atletas, los clowns y el mundo del circo en general), que había creado en los años precedentes. Utilizando en abundancia el alambre, material que le permitía conformar los volúmenes de sus obras muy libremente y sin que éstas resultasen demasiado cargadas, Calder logró representar plásticamente la relación existente entre esas fuerzas misteriosas de cuya cohesión deriva el equilibrio del Universo. La fusión de equilibrio, movimiento y color, a los que se añade de vez en cuando la ocasional intervención del azar, a través del viento y del soplo casual de aire, representa en este sentido la característica peculiar y rompedora de la obra de Calder; algo que se puede considerar de buen grado como el fundamento de la escultura cinética y un importante antecedente de la escultura decorativa industrial de los años sesenta.

La exposición está bien estructurada y permite disfrutar plenamente de una selección de obras bien elegidas, presentadas en una ambientación acertada y sugerente. Se trata de piezas excelentes, realizadas entre mediados de los años cincuenta y comienzos de los setenta. En gran parte pertenecen a las series de mobiles y stabiles, pero se puede admirar también una interesante muestra de gouaches, de gran intensidad poética. Un evento sin duda recomendable: una pequeña joya que, a mi juicio, no habría que perderse.

Video: Alexander Calder, Berlin 1929 und 1967.

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