
El capítulo de la historia del arte dedicado al cuadro en el cuadro, y especialmente al cuadro en el cuadro a través del espejo, es muy largo y está compuesto por un gran número de obras maestras. Pienso, por ejemplo, por referirnos al ambito de la pintura, a Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa (1434) de Jan van Eyck; a Venus del espejo (hacia 1647-1651) y Las Meninas (1656) de Diego Velázquez, o a Bar aux Folies Bergère (1881-1882) de Édouard Manet entre mucho otros. Pero es sobre todo gracias a la fotografía, y en particular al género del autorretrato, que este artificio ilusionista se ha popularizado en las prácticas artísticas visuales. Sería imposible recordar aquí todos los fotógrafos que lo han utilizado en su trabajo; sin embargo, me gustaría mencionar algunas obras concretas que vale la pena considerar por su belleza y originalidad: Autorretrato con espejos (1931) de Ilse Bing; En el camerino (1963) de Frank Horvat; Autorretrato con esposa y modelo (1981) de Helmut Newton; Amanda in the mirror, Berlin (1992) de Nan Goldin.
A partir de comienzos de los años sesenta del siglo pasado, un artista difícilmente clasificable como Michelangelo Pistoletto (Biella, Italia, 1933) - una de las personalidades más originales del arte povera - abordó, plástica y conceptualmente, el tema de la relación entre la realidad y la imagen, utilizando superficies reflejantes, como espejos o paneles de acero inox, para realizar cuadros que incluían directamente en la obra la presencia del espectador. Alterando las proporciones verdaderas, estas obras sugerían una relativización del tradicional punto de vista del cuadro. Asimismo, a través de estos Quadri specchianti (Cuadros reflejantes), el artista italiano utilizaba la “materia reflejante” como materia prima plástica, renunciando de manera provocadora a toda convención artística y construyendo intencionalmente un espacio de expresión primordial y “natural”. De esta manera llevó la idea, y la práctica, del “hacer arte” un paso más allá, en dirección de la superación de la dimensión meramente representativa de la obra, tratando de capatar la realidad en el presente de su devenir y llamando a colación la subjetividad perceptiva del espectador; su condición variable en el tiempo y en el espacio y, en tanto que elemento constitutivo de la obra, el contexto (natural o artificial) en el que la obra misma se expone.
En una línea interpretativa parecida se pueden considerar también algunas obras, en las que se funden escultura, instalación y performance, de un artista tan prolífico como fue Juan Muñoz (Madrid, 1953 - Ibiza, 2001), para el cual Pistoletto siempre representó una importante fuente de inspiración; pienso, por ejemplo, en obras como Sara with mirror (1996), Staring at the sea I (1997-2000), One Figure (Una figura) (2000) entre otras. En ellas vemos aparecer, con una buena dosis de ironía, el tema del efecto narciso, derivante del encuentro del espectador con su propia imagen reflejada en el contexto enmarcado de la obra de arte. En este sentido, la obra de por sí representa un simple pretexto para que el espectador se mueva dentro de ella, ocupando el espacio de la representación, caminando, acercandose o alejandose del espejo. Esto es: engendrando una performance de la cual él, consciente o inconscientemente, es también protagonista.

Otro tipo de obra reflejante se pudo ver recientemente en la exposición personal de Robert Longo Mysterious Heart, presentada el pasado invierno en la galería Soledad Lorenzo de Madrid (enero-febrero 2011). Me refiero a la serie Monstrance Untitled, compuesta por nueve cuadros de distintos tamaños, monocromos reflejantes, enmarcados en oro (dim. 63,5 x 63,5 x 4,4 cm.). Estas obras, a la vez que reflejan los interiores de la galería, transforman la percepción del espectador de tal manera que las demás obras; el espacio de la galería y los espectadores se convierten en el contenido cambiante del cuadro.
Finalmente, cabe mencionar una célebre pieza de otro artista norteamericano: Robert Smithson (Passaic, New Jersey, 1938 - Texas, 1973), pionero y destacado representante del land art. Se trata de Gravel Mirrors with Cracks and Dust, realizada en 1968. A mediados de los sesenta Smithson empezó a realizar varias obras con espejos, partendo de la aproximación austera y simplificada a la escultura propia del minimalismo, pero relacionada de alguna manera con el arte povera y con el proprio land art. Gravel Mirrors with Cracks and Dust está compuesta por doce espejos dispuestos de manera simétrica sobre la superficie de conjunción de la pared con el suelo del espacio expositivo. Seis de ellos están apoyados a la pared, otros seis al suelo. Sobre cada uno de los espejos apoyados al suelo se ha colocado un montón de grava. Ésta se refleja en la superficie, creando un efecto de extrañeza e indeterminación espacial y temporal que logra materializar el influyente concepto de «nonsite» trabajado muy a menudo por Smithson. En ésta, como en otras obras análogas, Smithson aludía a sitios situados en otra parte, plasmando un diálogo ideal entre estos sitios concretos y su representación a través de muestras de material natural, mapas, planos, fotografías y diagramas.

La exposición Almalé/Bondía. In Situ, que se puede visitar actualmente en la galería Astarté de Madrid [http://www.galeriaastarte.com/pages/galeria] en el ámbito del Festival Off de la edicción 2011 de PhotoEspaña, en parte continúa idealmente algunos de estos precedentes artísticos, pero al mismo tiempo introduce varios elementos de novedad. El trabajo creativo del tandem constituido por Javier Almalé (Zaragoza, 1969) y Jesús Bondía (Zaragoza, 1952) [http://www.almalebondia.com/] se desarrolla, a partir del año 2002, en una zona intermedia y poéticamente muy sugestiva que se vale de una complejidad técnica fundada, esencialmente, en la relación entre la intervención en contextos naturales abiertos, la instalación, la escultura, la fotografía y el videoarte.
El proyecto creativo In Situ se inició en 2009 y sigue todavía activo. En esta ocasión se presentan fotografías en color de diferentes formatos, realizadas en 2010 y 2011 al término de un proceso de intervención in situ (concretamente en los límites de la frontera a ambos lados de los Pirineos) mediante barreras de espejos, de distinta forma y distinto tamaño, siempre diferentes en cada intervención. El efecto logrado es una suerte de inserción, en el contexto de las locations, de una ampliación visual del paisaje representado. Los cuadros paisajisticos, que vemos enmarcados a través de un enfoque fotográfico frontal canónico, se presentan sorprendentemente enriquecidos por la presencia de un punto de vista otro, parcial y fragmentado, refeljado en la superficie de los espejos. Este punto de vista ausiliario amplifica enormemente la experiencia perceptiva del expectador, enseñando un meta-paisaje. O, si se prefiere, un paisaje en el paisaje.
Además de este primer nivel de intervención intrusiva, realizada a través del reflejo de espacios colocados físicamente fuera del campo visual del espectador, las obras de Almalé/Bondía esconden un segundo nivel de intrusión: un nivel meta-artístico y más conceptual. O, si se prefiere, más culto y esotérico. Y es que al mirar detenidamente la visión fragmentaria y distorsionada del paisaje, compuesta por el mosaico de imágenes reflejadas en la barrrera de espejos, la obra se hace más compleja de lo que parece, ya que emerge la presencia de imágenes "intrusas" que no pertenecen al lugar de la instalación.
Éstas imágenes se pueden leer como una citación de maneras diferentes de entender el tema del paisaje: maneras propias de otros artistas contemporáneos, a quienes el duo español rinde homenaje reservándo a sus obras un espacio especial tanto en la composición como en el título de la obra. En esta clave se pueden interpretar obras de gran elegancia estética como, por ejemplo, Insitu. Robert Smithson. Asphalt Rundown (2010, Copia Lambda encapsulada entre metracrilato y dibond, dim. 100 x 158 cm.); Insitu. Bill Viola. The Reflecting Pool (2010, Copia Lambda encapsulada entre metracrilato y dibond, dim. 100 x 158 cm.); Insitu. Marcel Duchamp. Étant Donnés (2010, Copia Lambda encapsulada entre metracrilato y dibond, dim. 100 x 158 cm.); Insitu. Wolfgang Tillmans, Homeles Dwellings (2010, Copia Lambda encapsulada entre metracrilato y dibond, dim. 63 x 100 cm.).

Una atención especial merece la obra Instalación In Situ. Miradas (2011), compuesta por 40 fotografías (en marco de madera y cristal museo, dim. 305 x 510 cm. aprox.) en la que el género del paisaje y el género del retrato se confrontan entre sí de una manera muy evocadora. A propósito de esta obra Francisco Carpio, en el texto Paisaje, espejos, miradas y otras fronteras, publicado en el notable folleto en formato A3 que ha sido editado apositamente para esta exposición, escribe: «Miradas, la nueva serie que presentan - y que está íntimamente ligada al total del proyecto In situ - supone una vuelta de tuerca más dentro de esta intervención-reflexión sobre el paisaje. Reflexión: nunca mejor dicho por cuanto vuelven a recurrir al espec(tac)ular artificio de los espejos. En esta ocasión presentan una galería de retratos (un género de referencia dentro de la creación visual en general y de la fotográfica en particular), distintas personas contemplando distintos paisajes de la historia del arte que previamente cada uno de ellos ha elegido. Lo singular de esta iniciativa es que, en vez de mirar(nos), como es habitual, se nos muestran representados de espaldas con lo que – aparentemente - desplazan el centro gravitatorio de un retrato que es el de confrontar su mirada, sus rasgos, con la nuestra, con los nuestros».
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