Se suele decir que los grandes artistas, al fin y al cabo, siempre trabajan en la misma obra, dandole mil vueltas a una única obsesión o a un único tema recurrente. Se podría afirmar, en este sentido, que Candida Höfer (Eberswalde, 1944) es al espacio lo que Richard Avedon (New York, 1923 - San Antonio, 2004) fue al rostro. De hecho, si el fotógrafo newyorquino dedicó una parte consistente de su trabajo a retratar, en blanco y negro y en contraposición a un anónimo fondo blanco, la faceta burlona de personajes famosos o desconocidos, exagerando sus expresiones caricaturales y sus muecas, y al mismo tiempo subrayando con gran nitidez sus rasgos peculiares o sus defectos, por su parte Höfer lleva casi cuatro décadas fotografiando, siempre con el mismo método - en color, con objetivo gran angular y luz natural - espacios interiores vacíos mediante un registro documental que enfatiza las características arquitectónicas, funcionales y decorativas de los lugares elegidos y, en un nivel segundo de lectura, sumerge el espectador en la profundidad de la relación que existe entre dichos lugares y los valores culturales y sociales de los hombres que normalmente los habitan; hombres que, sin embargo, nunca aparecen en el encuadre, sino que, al contrario, siempre se hallan evocados, básicamente, a través de la espectacularización poética de su ausencia. En este sentido, en las fotografías de Höfer la soledad majestuosa del espacio comparte su protagonismo con las huellas de vivencias humanas dejadas allí por el uso que de él se ha hecho a lo largo de los años.

Tras un primer periodo dedicado a la fotografía de tipo socio-antropológico, a partir de mediados de los setenta la fotógrafa alemana se convirtió al dogma de la así llamada escuela de Düsseldorf. Siendo la alumna tal vez más directa de Bernd Becher (Siegen, 1931 - Rostock, 2007) y Hilla Becher (Potsdam, 1934), a partir de los ochenta empezó a desarrollar su personal e inconfundible discurso artístico, demostrando una gran maestría técnica que, retomando las enseñanzas de sus maestros, optaba por una fotografía realista, natural y nunca retocada. A menudo las fotografías de Höfer se presentan como composiciones frontales y simétricas, completamente nítidas, con una perspectiva típicamente renacentista de gran profundidad y una combinación excelente de luz interior y exterior.

Los parametros esenciales de esta aproximación teórica y práctica al medio fotográfico fueron fijados por el imponente proyecto sistemático y serial del matrimonio Becher, dedicado a la arquitectura industrial y recopilado por primera vez en el libro Esculturas anonimas: una tipologia de edificios técnicos (1969). Por su parte la concepción artística de los Becher tenía como referencia explícita la tradición de la Nueva Objetividad, movimiento de los años veinte que, en el especifico ámbito de la fotografía, enfatizaba la potencialidad científica y documental de las imágenes mecánicas y su capacidad de reproducir fielmente la realidad. Nacida en Alemania en la época del auge industrial, la Nueva Objetividad expresaba la admiración de muchos artistas por la estética serial y maquinista. En este sentido, la atención artística se ponía en las máquinas, en las fábricas y en los edificios. Las personas tendían a desaparecer de los encuadres, mientras que los productos fabricados se convertían en objetos bellos, fotografiados en serie, y los fondos se hacían generalmente neutros. En este sentido, la Nueva Objetividad rechazaba cualquier tendencia pictorialista, para subrayar la especificidad del medio fotográfico en la captura realística de la calidades táctiles, luminosas y espaciales de los objetos: esto es, de su textura, de su estructura y de sus elementos. Como manifiesto de la N.O. se suele considerar el libro El Mundo es bello (1928) de Albert Renger-Patzsch. De hecho, este trabajo condicionó las premisas estéticas y las elecciones temáticas de una gran parte de los fotógrafos alemanes del momento. Entre ellos cabe destacar K. Blossfeld, H. Lerski y A. Sander. En particular, August Sander (Herdof-Sieg, 1876 - Colonia, 1964) representa un antecedente directo y una referencia muy importante para el trabajo de los Becher, puesto que su obra se desarrolló en forma de series monotemáticas, incluyendo fotografías de paisajes, naturaleza y arquitectura industrial. Sin embargo, su fama se debe principalmente al célebre Face of our Time (1926), libro en el que aparecía una selección de sesenta retratos pertenecientes a la serie People of the Twentieth Century. Se trata de un proyecto muy ambicioso de recopilación enciclopédica, bajo una mirada neutral y objetiva, de 500 imágenes (divididas en siete secciones) del “hombre alemán”, mediante el cual Sander trató de realizar un catálogo de la sociedad alemana durante la República de Weimar.
En la individual presentada actualmente en la Galería Fúcares de Madrid [http://www.fucares.com/esp/] – la quinta dedicada a Candida Höfer en este espacio expositivo – se puede apreciar una selección de diez obras recientes, en color y en diversos formatos, realizadas por la fotógrafa alemana en España. En concreto, los trabajos expuestos retratan interiores de edificios muy bellos, como la Casa de Pilatos y el Archivo General de Sevilla, o la Biblioteca América da Universidade de Santiago de Compostela y la Sala Capitular de la Catedral de la misma ciudad gallega. El año pasado una muestra análoga de veinte obras fue presentada por Höfer en el Palazzo Medici Riccardi de Florencia, en ocasión de la exposición Candida Höfer a Firenze (diciembre 2009 - enero 2010). En aquel contexto Höfer retrató, a través de una sensibilidad profundamente contemporánea, los espacios interiores de algunos de los edificios más bellos y evocadores de la ciudad italiana, como por ejemplo el Museo di San Marco, los Uffizi y su Bibliotéca, el Teatro della Pergola, Palazzo Pitti entre otros.

En general, las obras expuestas en la muestra madrileña son todas de un gran valor estético. Sin embargo, destacaría especialmente Archivo General de Indias Sevilla IV (2010, C-Print. 180 x 219.9 cm. Edición 6/6); Archivo General de Indias Sevilla V (2010, C-print. 60 x 66.2 cm. Edición 4/6); Casa de Pilatos Sevilla II (2010, C-Print. 160 x 164.6 cm. Edición 6/6) y Biblioteca de la Provincia Franciscana de Santiago I (2010, C-print. 180 x 230.1 cm. Edición 2/6). También hay que mencionar las dos fotografías de formato más reducido: Catedral de Santiago de Compostela VII (2010, C-Print. 50 x 50 cm. Edición 2/6) y Catedral de Santiago de Compostela VIII (2010, C-print. 52.6 x 50 cm. Edición 4/6). Se trata de dos auténtica joyas, en donde la característica monumentalidad de los disparos más conocidos de Höfer se halla momentaneamente apartada. De hecho, en estas obras, en vez de retratar las estructuras arquitectónicas de los edificios, la fotógrafa alemana concentra su objetivo sobre las líneas geométricas de una serie de libros antiguos encuadrados en un plano más cercano, enfatizando de una manera muy elegante sus colores y sus calidades táctiles.
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