Revelaciones
Obra reciente de Oscar Ortiz Otero exhibida en el Centro Cultural Olimpo de Mérida, Yuc.
Por Gildo González Angulo
Dentro de toda la compleja significación que se produce en relación con las revelaciones, casi todas se avocan a encontrar una serie de mensajes que pueden haber sido expresados desde hace más de un siglo o quizá fueron observados desde la cercanía de una tarde junto al mar Caribe.
Las revelaciones abundan en el terreno místico, religioso, dogmático; pero también están en la cotidianeidad de las personas, sólo habría que observarlas, interpretarlas, conseguir su transcripción a un lenguaje que se entienda y comprenda.
Así, cuando un artista pone como título de una colección la palabra revelaciones, está jugando semióticamente con los significados para entablar un diálogo con los nuevos espectadores. Su visión del mundo, desde una iconografía que puede resultar un tanto agresiva pero no lo suficiente para olvidar las hambrunas, las guerras y los conflictos políticos que ahora se ciernen como parte de esas revelaciones al buen entendedor.
Para algunas mentes dulces y frescas, la iconografía reunida en torno a la colección de revelaciones puede llegar a lastimar, herir, desagradar; sin embargo, todo encierra una belleza que al igual que el cosmos, en ocasiones somos incapaces de observar.
Las revelaciones tienen su tiempo y su época, van desplegándose y dándose a conocer dependiendo de su contexto a través de generaciones y por kilómetros de distancia. Su espacio no tiene límite y su tiempo se extiende y va quedando en un presente que no modifica su existencia.
Esa cualidad de las revelaciones va marcando un espectro donde la interpretación resulta de mayor importancia, cosa poco acostumbrada en nuestras generaciones. Estamos tan poco acostumbrados a interpretar determinadas cosas, que necesitamos un código bien definido para llamar, por ejemplo belleza, algo que todos entendamos como tal y nos permita encontrar un término para definir un significado.
Sin embargo, lo que para algunos significará belleza para otros será una forma bastante horrenda de definir un concepto. Dónde está la belleza, la podemos interpretar, la podemos encontrar en aquellas cloacas pestilentes de donde solamente surgen insectos y otros fantasmas malolientes. ¿Podemos encontrar la belleza en las fuerzas políticas y su naturaleza de ambiciones para alcanzar un poder cada vez más plenipotenciario? Quizá sea posible, sin embargo dependerá de las interpretaciones que se borden al respecto y de su afinidad con el receptor.
Se han escrito libros acerca de las revelaciones, se han manifestado a través de los tiempos y de las mentes que han habitado este planeta, desde su definición: "Revelación la acción y efecto de revelar, manifestar una verdad secreta u oculta. Lo revelado, es lo dicho o dado a entender, generalmente por parte de una divinidad o ser sobrenatural, sobre otra cosa de la cual no se tenía conocimiento previo, y que se considera verdad por los que participan de esa revelación, constituyendo parte central de su vivencia religiosa.
Existen muchas religiones reveladas, monoteístas o politeístas, basadas en libros sagrados o en mitos transmitidos oralmente, eso nos ha acostumbrado a pensar en las revelaciones como algo inherente a los pensamientos ya traducidos y plasmados en las páginas y con la tinta que les ha permitido subsistir al tiempo.
Pero qué pasa cuando esas revelaciones son parte de una colección de pinturas, para ser exhibidas en una temporada, en un determinado espacio. ¿Qué debemos de entender? ¿Cómo interpretar estas revelaciones? Simplemente abriendo nuestra imaginación y repasando con su autor la historia de nuestra civilización, dando un paseo por la estética y sus cánones establecidos por historiadores y pensadores, filósofos y curadores.
Quizá todo esto parezca demasiado complicado y en su lugar se prefiera enfrentar cada cuadro con la inocencia de un espectador iniciático. Para ellos también sería interesante conocer un poco más del pintor que nos pone enfrente esta serie de cuadros.
Oscar Ortiz comenzó pintando de manera autodidacta, un buen día agarró lápices de colores y papeles para reproducir imágenes que en esa época le interesaban, las caras de famosas actrices del cine internacional. No faltó quien le comentara que tenía talento para el dibujo y que debía dedicarse más seriamente a ello.
Quizá no estaba entre sus planes, pero el dibujo y la pintura fueron ocupando un espacio del que no pudo desprenderse nunca. Los intentos fueron varios, pero ninguno pudo alejarlo de los pinceles y los colores. Entendió que ese era una especie de destino y dejó de poner resistencia, simplemente se dedicó a pintar.
Para algunos este pequeño relato no significa más que una aproximación a la vida de un pintor. Para otros podríamos decir que tuvo una epifanía, una especie de revelación que hizo que su vida tomara un giro totalmente diferente al que pudo haber tenido.
Es por eso que cuando le puso revelaciones a su más reciente colección, no pudo tener más acertado el título, y es que cada obra habla de una revelación diferente, de una historia que se puede ir construyendo si aprendemos a descifrar los signos y símbolos que constituye cada una de las piezas.
Cual si fueran cartas de una baraja, las obras que integran esta colección poseen un significado que merece una o varias lecturas. Su temática se inscribe en propiedades que surgen desde un mismo autor, como si se tratara de varios libros con temas diversos y que solo pretenden explicar la pasión por escribir.
Aunque también podemos enfrentar la colección desde un terreno más técnico, enfocando la destreza dibujística y la calidad pictórica que desborda cada pieza. La pureza del diseño y el virtuosismo de cada ejecución, también es una especie de revelación, algo que no sabíamos de Oscar Ortiz, algo que nunca antes nos había dicho que podía hacer, hasta que llegó este momento. Es una lástima que se realicen tantas exposiciones en estos espacios, sin la menor intención de provocar el aprendizaje. Colecciones como Revelaciones de Oscar Ortiz bien podrían servir para entablar diálogos con los visitantes para conocer sus revelaciones, saber sus angustias, destinar sus fobias y abrir el espacio desde donde puedan aceptar sus debilidades. Pero es demasiado pedir, hay tan poco tiempo para la exposición y tan larga es la lista de colecciones que vendrán para satisfacer un impulso político, que habrá que esperar a que otros ojos capten las revelaciones aquí exhibidas. Otros ojos que tengan la capacidad de interpretar y hacernos partícipes de su contenido.
Octubre- Noviembre del 2011
submergentes.org