Cuando me encargaron mi primera gestión para realizar una bienal de artes visuales en mi ciudad, lo primero que me propuse es ampliar los parámetros de acción de estas convocatorias y ofrecer mejores condiciones de participación.
Propuce la participación de un cuerpo académico que se encargó de analizar las propuestas que llegaron incluso previo a la preselección. De manera que esto nos reportara el estado por el que atravieza el arte visual en la localidad. Se estudiaba el número de propuestas, su calidad, el grado de avance que tenían las determinadas disciplinas, la currícula de los participantes, en fin. Ese primer análisis nos permitía conocer cuál era el nivel en el que nos encontrábamos. Después venía el trabajo de los especialistas-jurados quienes se encargaban de realizar la selección y premiación de las piezas dependiendo de las bases, metros de exhibición y calidad de participación,etc. llegaba la hora del montaje, inauguración y premiación, pero todavía había más por hacer y no dejar que aquello terminase en la entrega de un cheque.
Es por eso que considero mucho más importante que se establezcan acciones para continuar con la promoción y difusión de las obras ganadoras y de sus autores en conferencias, exposiciones individuales, talleres, presentaciones, etc. que durante un año o dos (según la periodicidad del concurso) le aporten seriedad y nivel a estos concursos.
No debemos permitir que se conviertan tan solo en confrontaciones para obtener un reconocimiento inmediato y un premio en efectivo. El arte no puede convertirse en algo tan superficial.
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