
Louise Bourgeois – Fundación Proa
Maman majestuosa, parece tragarse la frialdad del edificio de Proa, envolviendo los colores de La Boca, haciéndolos suyos. Su dueña, la inventora de la terrible criatura, Louise quiso representar con ella a su madre, a la relación entre ellas, logrando transmitir ese sentir a la mayoría de las mujeres de todas las épocas y culturas. Ese amor, ese odio, esa protección en cada venenoso tentáculo al terrible invasor, ese sofocante encierro en telaraña de tenue y frágil cristal. Puede observarse en esa
inmensidad como brilla la luz de los distintos momentos del día sobre la criatura complementando un espacio que no será lo mismo luego de esta invasión arácnida.
Maman amenaza al visitante, pero lo cobija en cada tentáculo, bajo su brillante y reflectante panza, pero su creadora es mucho más que una esplendorosa araña de metal, es la mujer y su vida, la mujer y sus formas, la mujer y su pensar. Sus femme maison pequeñas, casi invisibles en su materialidad de mina de carbón, tan diminutas, pero tan sagradas, se despliegan en mi mente cada vez que imagino una obra de la frágil demiurga francesa.
Un ser que lleva a cuestas su hogar y las vivencias que allí ocurren, no es más que un ser humano , hay quienes salen de él para nunca volver, quienes salen y desean volver cada minuto que pasan fuera, hay quienes despliegan sus fuerzas allí , hay quienes esperan y quienes son esperados en cada hogar. Un espacio que Bourgeois eligió graficar como plano y casi insignificante sobre el pequeño cuerpo femenino,es un territorio significativo para cada ser humano, paredes que limitan, paredes que alientan a la creación y hasta a veces sufrimiento. Para algunos el bien más deseado, para otros un ahogo, casi como esa diabólica araña que custodia la puerta.
Lo más intenso que puede respirarse al pensar y ver la producción de la francesa es el deseo que tuvo ,hasta no hace mucho tiempo, de salir de su ahogo , de su terrible historia, de su pequeña casa mental y ser ella misma ,un ser único, un talento poco apreciado ,pero que desahogaba cada pequeño gran dolor en una obra tremendamente atrayente.
Romina Mirko
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