Desde hace aproximadamente cuatro décadas venimos siendo testigos de un cambio de rumbo que marca una nueva manera de habitar el espacio: el que construimos, el que nos habita y a la vez contiene. Ese mismo espacio que expresa lo que (tal vez) somos.
Si esa nueva forma de habitar el espacio es lenguaje, ¿qué formas adopta? ¿cómo nos habla?
Las obras que integran esta exposición exploran modos particulares del relato.
Rachel Whiteread (Inglaterra, 1963) con su obra Untitled (Paperbacks) 1997, trabaja sobre la memoria residual de los espacios: recrea a través del molde de yeso el interior de una librería; lo que supo ser una habitación llena de libros cuyas marcas parecen estar perdidas, pero que son aún reconocibles.
En Oh Sodier (2005) de Sarah Lucas (Inglaterra, 1962), el/la soldado ocupa un espacio casi efímero; un signo “vacío” que el espectador intentará completar. Un relato sobre los límites del cuerpo, del sexo y de la categoría de ambigüedad.
The Forty Part Motet (2001) de Janet Cardiff (Canadá, 1957), el tratamiento será bien distinto. ¿Qué ocurre cuando aparecen elementos provenientes de otros universos? ¿Cómo conviven el espacio físico y el virtual?
En A-Z Escape Vehicle: Customized by Andrea Zittel (EE.UU,1965), nos encontramos ante la búsqueda de pieza de arte utilitaria, obra de arte como objeto de contemplación. Lo “móvil” es a la vez un refugio, un escape.
Si la escultura, en palabras de Rosalind Krauss, pareciera haberse convertido en una categoría infinitamente maleable, también lo es el lenguaje que nombra.
Silvina Pirraglia




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